Venezuela en su hora decisiva

diciembre 3, 2006

Hoy, más que en ninguna otra elección presidencial anterior, Venezuela se está jugando su futuro, pero no bajo las mejores condiciones.

Con un gobierno cuyo único objetivo es perpetuarse en el poder y lograr protagonismo internacional para Chávez,  muy pocos en Venezuela tiene fe en la limpieza de las elecciones.

La mayoría da por sentado que no se respetará el secreto del voto (ni el resultado que arrojen), y que quieres voten contra Chávez serán víctimas de represalias como las ya ocurridas en la recolección de firmas para el referéndum revocatorio y las elecciones parlamentarias de diciembre pasado (donde como todos los candidatos eran de Chávez, quienes se abstuvieron de votar fueron identificados como opositores). Lamentablemente tienen motivos para pensar así, después de todo, hace solo un mes los trabajadores de PDVSA recibieran amenazas en ese sentido de parte del Ministro de Energía y Minas, y Chávez las respaldó.

Es por éstas precarias circunstancias en las que los venezolanos van a votar hoy, que me pareció tan acertada la carta que Mario Vargas Llosa envió ayer a la OEA en referencia a las elecciones venezolanas. El concepto de que “Unas elecciones verdaderamente democráticas no sólo exigen un conteo riguroso de los votos el día de los comicios. También hay que respetar las normas preelectorales…” es fundamental en el caso de Venezuela.

En Venezuela la Asamblea Nacional (100% chavista) intencionalmente omitió normar la ley que permite la reelección presidencial para no imponer restricciones al presidente a la hora de utilizar recursos públicos para hacer proselitismo político, y de esta forma Chávez se embarcó en una serie de actividades que en casi cualquier otro lugar serían consideradas ilegales: las inauguraciones acumuladas (o adelantadas) para el último mes de campaña a las que hice referencia en mi artículo del 19 de noviembre (a lo que hay que sumar la inauguración de 2 estaciones del Metro del Maracaibo y del 10% de las obras de una central azucarera en la última semana de campaña), el uso de recursos del estado para transportar en autobuses gente a sus manifestaciones, el uso del canal del estado y de su apéndice internacional TeleSur para hacer campaña a su favor y detractar a su oponente, y un largo etcétera al que esperemos no haya que sumar la intimidación a los votantes al momento del sufragio y el conteo fraudulento de votos que muchos dan por sentado.

Mucha suerte Venezuela, esperemos que a pesar de todo, a partir de mañana puedan comenzar a soñar nuevamente con la unidad, la paz y el progreso.

Winston.

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